La Ley del Tabaco Light
Me han dicho que la Menestra de Salud ha dicho que la Ley Antitabaco no está resultando como ellos esperaban. ¡Já! Pero, ¿qué es lo que esperaban? ¿Que la gente abandonara el vicio en masa, rasgándose las vestiduras y alabando su buen hacer con cánticos espirituales escritos para la ocasión?
No me hagan reír (me refiero a ellos, claro).
Las cosas se hacen bien, o no se hacen, y el que les habla es un fumador compulsivo (sólo hay que echar un vistazo aquí, a la zona izquierda del blog): si no se fuma, pues no se fuma en ninguna parte, y ya está. Lo que no se puede hacer es pretender que la gente deje el vicio con una ley descafeinada, que permite fumar o no en los bares a criterio del empresario (que siempre va a permitir el fumeteo, está claro, no están los tiempos para perder clientes), y que, encima, no ofrece ayudas gubernamentales para apoyar a los que quieran intentar arrojar los cigarrilos a la basura de una maldita vez.
De todo esto, lo que yo saco es que cada vez estoy más asqueado de la clase política, y de estas buenas gentes en particular. Me da en la nariz que con tanto intentar caer bien a todo el mundo, lo que están consiguiendo es que hasta sus propios votantes empiecen a aborrecerlos, en el buen sentido de la palabra: se le coge la manía a las caras, no a las ideologías.
Yo seguiré fumando, respetando la ley, por supuesto, pero para mí tengo que, si como dicen, el año que viene intentan endurecer la ley, lo van a tener realmente chungo.
Avisaítos quedan.