
Confieso que no veo Eurovisión desde que, si la memoria no me engaña, hicimos el gamba con el asunto aquel de Betty Misiego. Desde entonces, siempre he escuchado campanas de esto o de aquello, o de la vergüenza nacional, o de las majaradas que solemos hacer los españoles en estas cuestiones. Aunque no se lo crean, incluso logré pasar virgen la época aquella de Rosa y sus triunfitos. Ahora bien, este año ha sido diferente.
Y lo ha sido porque, hace unos dos meses, mi buen amigo V. nos envió un video de Lordi, grupo finlandés, con la leyenda: "Esto es lo que envía Finlandia. Nosotros mandamos a Las Ketchup". En un principio, se los juro por mis ninios, creí que era una de sus videobromas, pero, tras bichear un poco en la red, me convencí de que era cierto: un país de atrevía a presentar una canción de corte heavy-metal (no lo es, pero no vamos a entrar en ese tipo de disquisiciones), y, además con una parafernalia deliciosa que mezclaba el típico satanismo del género con el último look Lord-of-the-Rings. De cagalse.
Tanto a mí como al resto de rockeros irredentos que pueblan este país no dio un pequeño subidón. No confiábamos mucho en los chavales demoníacos, pero, oshes, como mínimo era cachondo, transgresor, diferente, y, sobre todo, arriesgado. Muy arriesgado.
Por eso, el sábado pasado decidí ver las votaciones del Festival. Les mentiría si les dijese que me tragué el evento entero, o que estuve atento a la actuación (?) de nuestro país, No, no soy tan masoca. Sólo me tragué aquello del vuayominí dí puá, y punto. Y creo que fue lo más divertido de la velada. Era alucinante ver los caretos de la gente cuando comprobaron que, en contra de la creencia popular, la peña agarraba el móvil y se liaba a votar a los Lordi, a los satánicos, a los transgresores... Vamos, que ganaron de calle, con baño incluido. Nosotros, por supuesto, volvimos a hacer el ridículo más espantoso, como era de esperar. Cuatro gachisas cantando una canción gilipollesca en grado sumo con una coreografía de vanguardia que no se cree ni el que la desarrolló (las vi a posteriori, en un coloquio friki que incluía a Massiel borracha y lenguilarga, y a una Salomé de cartón que había que apuntalar con viguetas de metal).
¿La lectura? En Europa son unos cachondos, joder. Nadie se toma en serio este tipo de cutrefestivales decimonónicos (salvo los presentadores que sólo trabajan en estas fechas). Así que han respondido como se esperaba: dando una bofetada sin manos, votando a los que, a priori, no entraban en las quinielas porque podían ofender las sensibilidades. Aquí ya no hay más que política: tú me votas a mí porqueyo te voto a ti, o te voto porque antes éramos una misma nación, o cosas por el estilo. Si de verdad hay alguien en España que le interese ganar esto, haría bien en fichar a un guapote/guapota latino/latina, aunque fuera desconocido/desconocida, para que moviera las caderas al ritmo del son. Como mínimo, nos votarían todos los emigrantes sudamericanos que trabajan en nuestras fronteras.
Que no son pocos.