Cine, y punto
Hace ya algún tiempo que se viene comentando por la blogosfera, de forma generalizada, que las últimas series de televisión les dan cien mil vueltas (hasta de campana) a los últimos estrenos cinematográficos que están llegando a nuestros cines, por muy norteamericanos que estos sean. Y es verdad, por supuesto. Sólo hay que seguir perlas como "House", la nueva "Prison Break", la irreverente "Boston Legal", o cualquier de las muchas que luchan por hacerse un hueco en el apretado nudo catódico que es nuestra realidad de plataformas digitales.
Por una parte, está muy bien que sea así. Por otra, sobre todo para los cinéfilos, ya no gusta tanto. ¿Es que el cine ha muerto? ¿Las ideas se han agotado? ¿Nos hemos quedado anclados para siempre en los eternos "remakes" y en las adaptaciones de superhéroes que están permitendo que la Marvel (compañía de cómics en franca decadencia) tenga un injustificado respiro? ¿Ya nadie goza en las salas oscuras buceando en mundos de fantasía?
Pos pa mí que no.
Lo cierto es que no sé qué pensar. Me da pena que esto es acabe, que todos los que hemos crecido inmersos en esa deliciosa liturgia que era acercarse al cine, comprar la entrada, cruzar el umbral de la oscuridad, sentirnos sobrecogidos por los gigantes que cruzaban la pantalla... los que fuimos seducidos por la magia, tengamos ahora que estar tirando de la mula para recuperar películas de verdad que, encima, están descatalogadas.
Y no me gustaría entrar en el debate sobre cine autóctono versus cine allende el atlántico, que eso sí que es jugoso. Sólo una pregunta retórica: ¿hasta cuando vamos a estar haciendo cine de autor, contando penas, hurgando en heridas, aburriendo al personal?
Que ya está bien, que somos más aburríos que una oveja explicando el Teorema de Arquímedes. Como dirían en mi tierra, el cine español está acomparsao.